Espera que me bajo...
Hoy he estado de compras con mis padres: Me encanta, puedo comprar todo lo que quiera sin preocuparme por el dinero, y los vendedores me atienden bien. Hoy no lo he podido pasar peor. Caminando entre la gente veia sus bolsas. Cientos y cientos de compras. Estaba en Pull&Bear y el ruido de la impresora de la caja no paraba de sonar: tirrin tirrin triiiin. Son setenta y nueve con noventa. Un chico de no más de 15 años saca su dinero sin problemas de la cartera, toma su bolsa, y sale a la calle como un salmón más.
Asi cientos de personas. Salimos. Buscamos. Compramos sin pensar. Buscamos y compramos para no pensar. Ocupamos nuestro tiempo libre en colas del Zara, para no plantearnos esquemas.
Mirando unas camisetas en Adolfo Dominguez. Una dependienta sacada de Melrose Place. Unas camisetas blancas de algodón con unas gotas como de pintura en el centro: 69.90€. ''Esto es diseño''. ''Se lleva el blanco''. Que bien. Estoy ya cansado de este rollo absurdo. Nos aburrimos tanto que ahora vamos a vestirnos de un modo ridiculo para tener un motivo para sonreir.
La vida nos roba los motivos para reir. La moda nos los devuelve. Aunque la risa me da cuando veo la factura. En fin. Pero ya tengo algo más de ropa. Parece mentira. Un 25% de la población del mundo (EEUU y Europa) controla el 80% de los recursos, pero lo peor, es que no los gasta en comida, los gasta en camisetas con gotas de pintura a 69.90 la unidad.
Y salimos otra vez a nadar entre la marea humana, ahora con unas cuantas bolsas más y una Master Card dolorida. (Por suerte esta vez la de mi madre).
Recogemos el coche en el parking, antes de entrar, echo un vistazo a la plaza de Hacienda: Deben haber unas mil personas subiendo y bajando. Comprando. Una fuente arroja continuamente unos doce chorros de agua. Las puertas automaticas de las tiendas no paran de abrir y cerrar. Una enorme pantalla muestra inutilmente la hora y la temperatura. El mundo del norte ignora por completo los problemas del sur. Estamos demasiado ocupados en buscar esa blusa que vimos en la televisión.
Tenía ganas de vomitar. El mundo me aterraba. Parecia un lugar delicado que estaba a punto de explotar. Queria llorar. Robar esa Master Card. Silenciar el ruido de esa impresora. Poner a cero ese reloj que nadie mira. Bajamos por el ascensor a la planta - 3. Me parece aberrante esto de los parkings. En fin. 2.90€ por dos horas el coche aparcado. Que barbaridad. Mi madre echa las monedas en la máquina sin pensar en nada más. Le da igual si son 2 como 200.
Vamos en el coche. Me siento como un niño pequeño. Miro por la ventana. Más y más tiendas. Un grupo de mujeres rubias salen de Lacoste con muchas bolsas. Más y más calles. Asfalto. Bloques de pisos.
La nueva sociedad sigue estructuradad en estamentos, en estamentos globalizados: la única diferencia es que ''la nobleza'' de la edad media, ahora se llama Europa (y eeuu), y es la única clase con acceso a la educación, la sanidad, y la única clase que despilfarra millones en inventos raros y en procesadores Pentium. La clase ''pueblo'', ahora viviria en África, quizás en Suramerica o Asia. Ellos trabajan para que nosotros podamos rellenar a diario el depósito de nuestro Jeep. Para que mi hermano pueda tener una camiseta Nike. Cultivando sus tierras para darnos de comer a cambio de nada.
Y la clase ''clero'', pues sigue siendo el clero, eso no cambia, solo que ahora se van a manifestaciones.
He llegado a mi casa con ganas de tirar a la basura todo lo que compré. Después me he dado cuenta de que no serviría de nada. Después... sé que no hay nada que hacer. Tener esperanzas en cambiar el mundo es tan bonito como inútil. Adolfo Dominguez seguirá diseñando camisetas, y miles de jóvenes seguiran llevándolas, tengan el precio que tengan. Esa pantalla sigue mostrando el logo de Vogue. Llevamos quince minutos intentando salir de esta plaza y no puedo más. Ahora todos vamos en coche a todas partes: el transporte público es para parados, estudiantes y jubilados. ¿Qué pasa con nosotros?.
En Asia deben trabajar mucho para permitir que en Europa los chicos no trabajen hasta los 30. Universidad por la mañana y compras por la tarde. Discoteca por la noche. Y para todo lo demás... es que no hay nada más, lo siento.
En fin. Me han regalado un portátil por mi graduación. Tenía muchas ganas de uno. Pero hoy, ha sido como comerme un limón bien agrio. No trago con estas cosas. Me superan. Veo la tapa plateada. No me he atrevido a abrir la caja. Me da asco. Siento que mi ropa huele a centro comercial. Me he duchado ya dos veces. No consigo quitarme este olor de la ropa, supongo que huelo a europa...
Histerias, neuras, impaciencia, necesidades, deseos, sueños, invenciones, y a veces... amor.
Manzo dijo
Si crees que no lo necesitas, déjalo de nuevo sobre la estantería. Es suficiente.
18 Junio 2005 | 12:34 AM