Hoy dejo de beber.
He leido este título por ahí. Y he pensado en mal copiarlo. Copiarlo no, perdón, quiero decir tomarlo como base para uno nuevo. No he leido el resto del artículo porque preferia seguir por mi via, espero no coincidir en exceso.
Son las once de la mañana. Un colegio católico en el centro de Granada. Marcos no tiene reloj, pero ya sabe que son las once. Espera sentado y desesperado a que termine esta pesada clase de moral católica y empiece el recreo. El olor a café desde la sala de profesores lleva cinco minutos en el ambiente.
El silencio invade los pasillos. Los cuadros miran tranqulos hacia el suelo. Las lámparas iluminan en vano. Las baldosas se preguntan qué hacen ahí. El techo mira hacia la nada. Marcos huele el café.
Marcos no piensa, no siente, marcos huele, huele a café molido y azúcar. Suena el timbre. La situación en el colegio se invierte. El mundo tiembla. El orden se rompe. Marcos ya no espera. Marcos ahora va hacia lo esperado. Los cuadros se apartan asustados de la marea de niños que invade las escaleras, las lámparas inundan miles de cabezas morenas, cabezas de niños de secundaria, el techo mira sus bocadillos, las baldosas cumplen con su función, ser pisoteadas.
Marcos camina entre la multitud. Una multitud que le hace sentirse vacio. Lleva su pequeño bocadillo en la mano. Sale de la oscuridad del pasillo a la claridad del patio del colegio en una estupenda y brillante mañana de primavera. El chico echa un vistazo. Todos los otros chicos están reunidos en unos diez o veinte grupos. Marcos vuelve a temblar. Vuelve a no saber que hacer. Vuelve a sentarse en el rincón bajo la palmera, justo debajo de un cristal naranja que da a la capilla del colegio.
Bajo esta estamapa verde y naranja, mira a su bocadillo, brillante por el reflejo sagrado, envuelto en papel de aluminio. Oloroso, pero él no quiere comer. El quiere esperar. Esperar a que alguien hable con él. Esperar a dejar esto.
Al rato desiste y empieza a comer. Piensa en el cariño con el que su madre preparó el bocadillo. Se siente mal y echa de menos a su mamá, tiene ya 17 años pero echa de menos a su mamá, ella sabría como superar esta situación, de hecho, ella le sacaba de estas situaciones en el pasado. Pero ya no estamos en la guarderia ''ya no es tan fácil, mamá no estará siempre contigo'', recuerda Marcos.
A mamá no le gustaría verme así. Termina su bocadillo y espera impaciente y deprimido el final de este interminable recreo. Mira hacia sus caros zapatos de uniforme. No le sirven para nada. Nada le sirve para lo que él realmente quiere.
Se pone en pie y camina por el patio del colegio, los chicos juegan al fútbol, hablan entre ellos, rien, se relacionan, pero Marcos no, Marcos espera pasivamente a un héroe que le rescate de la propia cárcel de sufrimiento a la que el mismo se ha condenado.
Marcos piensa ¿Qué estoy haciendo mal? Ciertamente es el único chico que está solo. Intenta acercarse a un grupo. No entiende nada de lo que hablan, cuentan historias sobre las que él no sabe nada. No tiene fuerza para aguantar las miradas, cree que debe huir, y huye. Visita la capilla del cristal naranja.
Histerias, neuras, impaciencia, necesidades, deseos, sueños, invenciones, y a veces... amor.
Xaxa dijo
Marcos... Marcos no es nadie real, no? Mejor dixo, no es el nombre real de este niño... ni el colegio staba en Granada, no? Desearia q si lo fueran, y no pensar lo q pienso, xq entonces, me dan ganas de llorar...
29 Mayo 2005 | 01:56 AM