Compran en las mismas tiendas. Escuchan las mismas emisoras de música. Acuden a los mismos pubs sábado tras sábado. Están todos reunidos entresemana en el mismo instituto. Salen el viernes del instituto a las 14.30, para luego volver de nuevo a las 22.30 a hacer botellón, exactamente con las mismas personas.

Piensan todos igual. No tienen preocupaciones. El presente es demasiado estable para pensar en el futuro. Saben que todo será como es hoy. No piensan.

Buscan a alguien diferente para asegurar su propia identidad. Buscan alguien diferente para señalar con el dedo, y así, saber que ellos no son ''diferentes''. Respiran aliviados. Están ''in''. Dentro. Dentro de una basura, pero dentro, al fin y al cabo. Que bien.

Mediocres. Tienden a nivelar. Quieren que todo sea uniforme. Que todo sea igual. Mediocres que no soportan ver variaciones. Su propia mediocridad les crea odio hacia lo distinto.

Ellos se rien de mi porque soy diferente, pero yo me rio de todos ellos, porque son todos iguales.

Pero te envuelven. Te van hablando durante años. Intentan moldearte. Escuchas frases. ''eres muy raro''. ''si a lo mejor no fueses tan... asi, seguro que tendrias mas amigos''. Te van calando. Se quedan en el inconsciente. Y hacen que uno circule por la calle con cierto sentimiento de culpa, con cierto sentimiento de error.
Con cierto sentimiento de no tener nada que ver con este mundo que tienen construido. Con cierta necesidad vital de huir.

Para salir a la calle, gafas de sol, gabardina, pañuelo en la cabeza, una moto rápida. Soy una persona-preservativo. Temo a los semáforos en rojo. Temo a los inofensivos pasos de cebra. A sesenta kilómetros hora por avenida de Jaén. Ahora parece que todo va muy deprisa.

Rompieron mi vida cuando tenía diez años, y todo lo que supe hacer fue sentarme a llorar. No podia entender nada. Lloré y lloré todo el día hasta que mi madre se canso de consolarme. Sabía que ella no podía hacer nada para llevarse mi dolor. Tuve que dejarlo. Empezé a sonreir por fuera, para seguir llorando por dentro.. Yo no sabía que ella también lloraba y ella se convirtió en una sombra de lo que debería ser. Pero ella nunca metió su corazón en la caja de Torredonjimeno. Ella supo escapar a esto.
Ahora sé que yo no soy libre. Estas tonterias me inundan. Invaden todo lo que hago.

Siento el odio dentro de mi. Siento el resentimiento. Esta puta sensación de culpa que me han hecho cargar. Salgo a la calle y veo el gran monumento a mi sufrimiento que es Torredonjimeno. Es un gran monumento. Para el dolor, la sangre y el chirriar de dientes. La saliva que sale de la boca. La lengua que articula esas siete letras que destrozaron mi infancia. Esa lengua cruel que nadie supo cortar. Y califico asi a todo un monumento, porque nadie jamas supo cortar una sola lengua.

Algún día, desde la oscuridad, daremos un paseo hacia el mundo. Conformarse es lo más fácil. Adaptarse es lo natural. Acostumbrarse es lo más patético. No cabe acostumbrarse. No cabe conformarse. ¿Nos mantendremos juntos? Seguro que no. Pero no hay nada que temer. Tomaremos juntos este paseo, este paseo que empieza hoy.